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El vórtice
Cuando llegué
ya habían comenzado.
Parecía un poema
sobre un animal,
uno de los temas populares
de la Toddington Poetry Society.
Me senté
en un sillón,
muy cómodamente.
Alguien leía
unas palabras
sobre una mascota
que había sido asesinada.
Pensé en una poesía
de Raymond Carver.
Otro dijo algo
acerca de un objeto
que se había movido
por sí mismo.
Ésta es la razón
por la que me agrada
la Poetry Society,
me dije, satisfecho.
Es tan diferente.
Una mujer comentó:
“La casa tiene un vórtice
por el que entran
los espíritus malignos,
incluso los de los perros.”
Pensé en Isabel Allende,
en Mario Vargas Llosa
y Carlos Gardini.
“Anoche encontraron
el espíritu de un niño
que lloraba en la escalera
haciendo sonar
la alarma antirrobo,”
mencionó otro.
Pensé en André Breton.
La sala estaba oscura,
y no veía ninguna cara
conocida.
“El problema principal,”
dijo otro, con un acento extraño,
“es que el espíritu perverso
de un adolescente
entró en la casa
por un vórtice.”
Sonaba raro,
y empecé a sentirme incómodo.
“Entró por el portal
del mundo de los espíritus
porque alguien usó
incorrectamente
un tablero de guija
y no lo cerró
como corresponde.”
dijo un joven casi calvo
con una cara muy pálida
y una mochila,
a quien creí conocer.
Sobre una pantalla grande
alguien proyectó una película
con luces intensas
que bailaban
en un cuarto embrujado.
Otra del grupo,
la secretaria, tal ves,
habló de una manera aterradora
de unas áreas frías
y de emociones dolorosas.
El presidente concluyó,
paternalmente,
cuando invitaron a una médium
a que limpiara la casa
y cerrara el vórtice.
Encendieron las luces
y ví rápidamente
que me había equivocado
de lugar.
Abrí mi periódico,
busqué el anuncio
de la TPS,
la Toddington Poetry Society,
y ví en su lugar
el de la LPS:
la Luton Paranormal Society.
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